domingo, 16 de diciembre de 2012

La casa que enseña vivir

Y el Hombre le dijo al hombre
Pedro no pesque a los peces
déjalos vivir en sus aguas
porque si los sigues pescando
 mañana pescarás hombres
y fundarás la esclavitud
del hombre sobre el hombre
pero Pedro no hizo caso
llenó su red de peces
y en sectas se colmó de goces
y llegamos a lo que hoy somos




En la viva realidad o en los sueños
me basta cerrar o abrir los ojos
y siempre ver a Carmen Susana
la madre perenne
habitando esta casa que enseña vivir
cercana a una centuria de existencia
y amasando una historia que la hizo madre
para darle vida con el calor de su alma
y un amor que fue anidando en cada rincón
amor que ofrece en el regazo de su corazón
para aquél quién quisiera tender sus manos
y allende a la casa el sembradío de su jardín
donde reina una Trinitaria  de flores rojas
vecina a matas de rosas flor de baile y capacho
y los vivos verdes de sus queridas hierba buena
el cilantro la albahaca el orégano orejón
el llantén y atrás de la casa el apreciado toronjil
todas cultivadas con amor que brota de sus manos
y de ellas cuánta infusión a la cabecera de la cama
para la cura de la fiebre y dolor de cabeza
cuánto hervido cuánto guiso servido
a la mesa para quien quisiera gustar
y aquella olla de hallacas como queriendo
contar cuánta navidad tocando a la puerta
y cuánta ver partir exhalando suspiros
¡bueno otra más que llega y se va!
acariciando su pecho para seguir hospedando
los mismos anhelos las mismas esperanzas
y cuánto sentimiento agradecido atesoró a su alrededor
una parte de esa historia de donde se debe aprender

  
¿Y por qué a las madres no se les mencionan como
autores y protagonistas de la historia universal?
Todavía el andariego andar de su imagen
ágil enjuta de piel canela de sol
y manos huesudas color de arcilla que adquirió
bajo el calor de la brasa roja de leña de su fogón
cuando ejercía el oficio artesana de arepas
y su entrega en cuerpo y alma al trabajo creador
para el sostén de la familia cual una santidad amada
por quién elevaba a diario la oración en el altar de su fe
en las horas de descanso después de la jornada dura
y son muchas las noches que en acto recogido
y de silencio musita sus rezos ante la santa imaginada
que alumbra con sus velas de espermas blancas
invocando la protección a los suyos
y la resurrección de la paz en el mundo
en un susurrar silencio  a sus oyentes omniscientes
que hace emerger al son de sus piadosas letanías
y son los momentos de ver nacer aquella alegría serena
que danza en el chisporroteo de la llamita naranja
pensativa erecta unida a sus santas plegarias que se mece
en las aguas vivaces de sus pupilas iluminadas

Y siempre aquél perfume que inunda la casa de
aquellas flores blancas que brotan de gajitos capullos
luciendo en la mesa de la sala y de quién la madre decía
estas flores la llaman Azucena pero ella no es azul
una simple metáfora expresada con cálido humor
y cuyo código solo ella encierra en su alma
pero ¿ese código no será la síntesis del amor
que cada ser debe entregar como la flor su perfume?
y por lo vivido madre Carmen Susana lo sabe
como también la misma flor Azucena


Así el vivir de esta casa y sus habitantes
bajo la corriente de sus amorosos hálitos pero
ahora la madre perenne vive en otra casa mayor
en la del universo
desde donde les sigue insuflando sus efluvios
y elevando oraciones al calor de sus velas encendidas
chisporreteando la misma llamita naranja serena vivaz
con la misma alegría que en el tiempo habrá de hacerse
estrella en una constelación que será su mismo jardín

Yo aún vivo en esta casa y también
habito otra bajo la alegría melancólica
pero aquella está viva en mi carne y en mi sangre
y la madre ungida con amor en el altar más alto
irradiando sus mismos hálitos para hacerme vivir
y envuelto en aquél perfume de aquella flor que
la llaman Azucena pero ella no es azul 




















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