sábado, 22 de septiembre de 2012

Crónica de una flor

Cuando miras una flor
o una mariposa o una chicharra o una libélula
u oyes el llanto de un niño al nacer
estás mirando estás oyendo estás sintiendo
el sagrado silencio
la vida que aún en tan breve tiempo
sí puede vivir
porque la vida en cualquier forma
es para vivirla

Aún marchita la vida sigue


Sabes ¿de quién fue esta flor?
sabes ¿quién es esta flor?
sabes ¿qué es esta flor?
sabes ¿quién me dio la flor?
o ¿sabes leer el código de esta flor?
y si acaso un signo suelto de esta flor
¿qué hacemos para ir hacia dónde?
enfrente el misterio de las preguntas
y en verdad no sé cuál de ellas a donde lleva
pero si se de dónde viene la flor
aunque aún no sé porque se vino conmigo
quizás por mandato secreto de la naturaleza
o quizás porque fue el mandato de un instinto
que tampoco sé si fue animal o humano
pero si sé que es un clavel rosa en silencio
que quiso prender en mis manos

Y la flor callada llegó muy marchita
estropeada por el maltrato del viaje
y porque sospechaba mi pretensión
de pedirle seguir testimoniando la vida
pero cuando la puse a beber el agua fresca
al instante maravillosa asombrosa vida!
la flor resucitó y en sus vivos colores
el alma de nuevo volvió a cantar
y si es anuncio de que quién me la dio
algún día al aire y en las aguas puras
también habrá de resucitar y volverá andar
adornado de un leve sonreír de niño y
un ritmo al caminar como el de aquel río manso

  
Celebré su vuelta a la vida
y con devoción la puse en improvisado altar de mi mesa
como un estandarte entre imágenes pulsando hálitos
el amado niño en su reír de eternidad
y el inmaculado amor que ancla mi existencia
el encuentro de las edades que celebro
la entrega de un beso a una bella abuelita centenaria
quien sobre su nave enhiesta al mar lista zarpar
en la cumbre del tiempo otra vez vuelta niña
replicaba a interrogantes casi en obsesión
solo querer siempre vivir
y se hizo juramento sobre aguas turquesas

 
En el encuentro de las edades la vida siempre ha de florecer 

Y allí interrogando en corto tiempo la flor mutó su vivir
mustió sus colores y vistió una serena melancolía
la vida pujando una nueva vida como la madre con su vientre
bajo los acordes de un scherzo en un lejano órgano
que realza el alma ahora de apacible belleza


y en esas notas flotando sobre el mismo altar de la mesa
imperceptible tejió una cúpula de silencio
almacén de señales eternas de los que van a ignotos lares
y voces de los que están presentes siempre con nosotros
aunque a distancias muy allende al mar y nos encienden
constantes fragmentos de su amor y alegría
para que no nos detengamos en medio del camino
y con ellos seguir adelante en la arquitectura
la vida que debe continuar bajo ese juramento
siempre vivir que nos deja la abuelita como banderola
pero ¿quedan respondidas las interrogantes o se suman a
aquellas ancestrales del hombre que aún espera?
aunque como la vida misma han  de seguir abiertas
y silbando en las estaciones del camino
llegar a encontrarlas y extraer la esencia

En esa dirección después de la flor estamos nosotros





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