quién llevó la química
al misticismo humano
con la aspiración de curar
al hombre de este tiempo

En este momento sobre tu imagen
oigo las “4 estaciones” de Vivaldi
siento realidad el canto de su primavera
apremiando un verano de vida plena
bajo el anhelo de un cielo de luna llena
Y en los ensueños de sus compases
veo brillar el crecer de tu concepción
como si se tratara de estrellas que
buscan gestar una nueva constelación
percibo los íntimos latidos de tu ser
y airosa te veo suelta cabalgando
cabellera al viento como vela blanca
sobre el pleamar de la luna llena
sobre las olas que van y vienen
para llegar a dormir sobre la playa
en sus infinitos granos de arenas
como si tu fuera la misma cuna
donde se mece el hijo que gesta
como si tu misma fuera el mismo mar
donde la marea lunar estimula la vida
Tu imagen me llega en ondas de mar
dibujando la distancia entre los dos
en filigrana de una lágrima que pugna
desde el hondo océano de mi ser
señalando un horizonte de aspiración
Y sobre su línea las vibraciones de tu vientre
anuncio de febril trabajo de abejas en miel
como las notas del violín que incansable teje
el canto de primavera con verano otoño invierno
un solo canto que enjuga la lágrima en un compás
para hacerla celebración de la vida que gesta
Mis pupilas se abren para verte mejor
captarte con ansia junto a tu pléyade
tus niños corriendo al lado del que viene
tejer un solo manto que a todos cobije
como las olas que siempre van y vienen
a ensoñar en la arena de la playa
Y ya el canto de las “4 estaciones”
primavera verano otoño invierno
su senda en tonadas está por terminar
apasionado el violín inscribe la huella
sobre un pentagrama fugaz de notas
como jardín silvestre de tus niños
Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi
http://www.epdlp.com/clasica.php?id=521
http://www.epdlp.com/clasica.php?id=523
http://www.epdlp.com/clasica.php?id=522
http://www.epdlp.com/clasica.php?id=525
Fotos del “Blog Fotografía Digital David”
DOMINGO, SEPTIEMBRE 07, 2008
EMBUSTERIAS DE MIGUEL HERNANDEZ
Vicente
A nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres. Nosotros venimos brotando del manantial de las guitarras acogidas por el pueblo, y cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido.
Ante la sombra de dos poetas nos levantamos otros dos, y ante la nuestra se levantarán otros dos mañana. Nuestro cimiento será siempre el mismo: la tierra. Nuestro destino es parar en las manos del pueblo. Sólo esas honradas manos pueden contener lo que la sangre honrada del poeta derrama vibrante.
Aquel que se atreve a manchar esas manos, aquellos que se atreven a deshonrar esa sangre, son los traidores asesinos del pueblo y la poesía, y nadie los lavará: en su misma suciedad quedarán cegados.
Tu voz y la mía irrumpen del mismo venero. Lo que echo de menos en mi guitarra lo hallo en la tuya. Pablo Neruda y tú me habéis dado imborrables pruebas de poesía, y el pueblo, hacia el que tiendo todas mis raíces, alimenta y ensancha mis ansias y mis cuerdas con el soplo cálido de sus movimientos nobles.
Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidos al pie de cada siglo.
Dedicatoria de Miguel Hernández a Vicente Aleixandre
de la obra Viento del pueblo
Miguel Hernández recita -canción del esposo soldado-
http://www.poesia-irc.com/phpnuke/modules.php?name=Video_Stream&page=vidpop&id=15
enviado desde el 'corazón esparcido'
de la poeta argentina Cristina Castello
www.cristinacastello.com
Manuel de Falla / La vida breve / Danza
http://www.epdlp.com/asf/falla2.wmv
La terredad de un pájaro es su canto,
lo que en su pecho vuelve al mundo
con los ecos de un coro invisible
desde un bosque ya muerto.
Su terredad es el sueño de encontrarse
en los ausentes,
de repetir hasta el final la melodía
mientras crucen abiertas los aires
sus alas pasajeras,
aunque no sepa a quién le canta
ni por qué,
ni si podrá escucharse en otros algún día
como cada minuto quiso ser:
más inocente.
Desde que nace nada ya lo aparta
de su deber terrestre,
trabaja al sol, procrea, busca sus migas
y es sólo su voz lo que defiende
porque en el tiempo no es un pájaro
sino un rayo en la noche de su especie,
una persecución sin tregua de la vida
para que el canto permanezca.
EM
Juan Sebastian Bach
Tocata y fuga, BWV 565
http://www.epdlp.com/clasica.php?id=855